Capítulo siete
No puedo explicar exactamente como pasó, pero Leo se levantó seguidamente y vi como se abalanzaba sobre la persona que nos acechaba. Forcejearon en el suelo y escuché un disparo. Me quedé quieta, sin moverme.
-Capullo- escuché la voz de Leo. Una alegría me llenó por dentro, aún tenía posibilidades de sobrevivir, ¿no?
-¿Qué hacía ese hombre aquí?
-Ya te lo dije, quieren matarte.
Dos capuchinos y una hora después, me encontraba en la calle estrecha y oscura que se encontraba cerca de nuestro hotel. No habíamos podido dormir y a base de café nos habíamos despertado del todo.
-Voy a entrar, quédate aquí y espérame. Cuando salga con mi hermana tendremos que correr.
Leo se adentró en uno de los edificios y me quedé con los nervios a flor de piel.
¿Me había dejado allí, sola, en peligro? ¿O estaba a salvo?
No pude saber cuántos minutos pasaron con exactitud, pero me parecieron muy pocos. Leo salió con una niña de cinco años en sus brazos, corriendo. No me lo pensé dos veces y eché a correr tras ellos.
Durante el tiempo que tardamos en encontrar un taxi, la hermana de Leo no dijo nada. No lloraba, no gritaba, simplemente se aferraba a su hermano, sabiendo que estaba a salvo.
En el taxi, nuestro comportamiento fue de lo más normal. Como si no pasara nada.
La primera vez que viajaba a París y solo había durado un día. Me encontraba de nuevo en un avión, con la sensación de claustrofobia en mi mente. Ahora tenía miedo de que hubiera otro asesino.
-¿Dónde vamos ahora?
-Tú vas a tu ciudad, a una casa de acogida.
-¿Qué?- Estaba sorprendida, incrédula ante lo que había oído. ¿Me acababa de decir que ya no estaba en peligro, que podía tener una vida normal?
-Ya has pasado por mucho. Te dejarán en paz, al menos por un tiempo.- Mierda, era temporal- pero tranquila, si pasa algo iré a buscarte.
-¿Quién era la mujer del armario?
-Hablaremos mañana.
Cuando llegué a mi casa el sol había salido, aunque estaba tapado por unas nubes oscuras que traían agua. Ni siquiera entré, simplemente le eché un último vistazo y me dirigí a la oficina de policía.
Al entrar, me reconocieron y me dieron un abrazo.
-¿Dónde estabas? Te escapaste antes de ayer.- Parecía mentira, solo habían pasado dos días desde el asesinato de mi abuela- bien, no importa. Te llevaré a una casa de acogida.
El policía me dio la mano y me condujo a su coche.
-Esta noche iré a verte y me despediré de ti- me susurró Leo.
Mientras me alejaba en el coche me asaltó otra duda, ¿todo se había acabado? Porque aún tenía muchas preguntas sin respuestas. Y aquella noche lo averiguaría todo…