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13 jul. 2016

esta carta de despedida ha tardado en llegar



Al final nos desgarró por dentro y dejé que el olmo seco, cristalino y hendido se rompiera en mil pedazos. Dejé que me arrasaran los sentimientos encontrados que hallé en aquello que demostraba que, en realidad, no era todo como esperaba ni quería y que a veces tienes una salida, como la boca de metro de aquel barrio por el que un día te busqué.
¿Sabes? He sentido. No era Ámsterdam. Tampoco Milán. Era Cádiz. Con la arena de la caleta y mis viajes que se fundían entre líneas desde la Navidad en la que no dejé de hablarte en vez de descubrir cada recodo de Roma. Era. Y ya no es ni quiero que sea. 
No necesitaba volver al Ámsterdam de casualidades, como dijiste, pero sí sentirme tan viva como el agosto en el que perdí a Ella en la plaza Javaplein. 
He sentido que llegabas para quedarte y también que quería que te marcharas porque ya no era el momento.
Siento que no somos lxs mismxs y que julio se presenta desgarrador.
Amor, he decidido olvidarnos este julio desgarrador y tejer nuevos comienzos. 
volver nunca fue suficiente y, ahora más que nunca, quiero irme

7 abr. 2016

La revolución en caliente



Eran las diez cervezas que me supieron a recuerdos amargos y a aquellos que, aún recientes, ya sabían a sueños, nuevos comienzos y al abril deshecho o quebrado que gracias a tu eterno otoño se había instalado en mi calendario. Calendario de eterno abril, de casualidades de marzo y de mayos que no quería que llegasen.
Era el sol que huía en el bar de barro y tierra y la mirada que giraba siempre un poco hacia la izquierda -que aunque te niegues a aceptarlo el rap que fluye por tus venas te hizo un cazador innato de libertades, revoluciones y comunas-.
Y es ahora el anhelo, el querer más, el "fóllame", el "pide otra ronda", el no acabar aquí ni ahora, el dejarme llevar, el no medir los instantes por cúmulos de emociones, el empezar a hacer la revolución en tu cama y mi cuerpo, el cruzar esa avenida sin fin hacia ninguna parte, el sabor celeste de nuestro hielo, Villanueva y a veces también Castillejos, el mañana te hablo y el no creer ser capaz de hacerlo hasta el momento, tu colección de recuerdos y momentos que, aunque no tan desastre como el mío, igual de afixiante. 
Es ahora cuando quiero dejar que fluya y estrellarme y estrellarte. Y besarnos y besarte. Y perdernos como el hielo que de boca en boca se deshacía.
Como ahora me deshago yo entre tus sábanas.
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