-No, cuidado, no le inyectes aún la anestesia, podría morir antes de ser extraída y perderíamos el cuerpo y el alma.
-Pero señor podría despertar y ser la primera alma problemática de la historia.
-No lo hará, nunca ha ocurrido y no va a pasar ahora.
-¿Y si ocurre? No estamos seguros totalmente.
-No queremos correr riesgos, si le inyectas la anestesia y muere tú serás el culpable e irás a la cárcel a pagar por ello.
-Sé que tiene más experiencia que yo, pero si le digo que debemos inyectarle la anestesia será por alguna razón ¿no cree?
-Las posibilidades de que abra los ojos son una contra noventa y nueve.
-No pienso esperar más.- El hombre que llevaba la aguja la acercó al cuerpo de la pequeña niña.
-¡No lo hagas! ¡O serás un asesino!
-Lo que le pasa es que es su hija y no quiere perderla.
-Pues sí, si querer a mi hija es algo malo que me lleven contigo a la cárcel después de que la mates y yo acabe contigo.
-No quiero seguir discutiendo algo que no es lógico.
-Está muy débil, ha tardado en nacer horas y es casi imposible que abra los ojos.
-Usted mismo lo ha dicho, casi.
Pero para entonces ya era tarde, unos ojos violetas se abrieron paso a través de dos miradas de incredulidad y de sorpresa.
Ainara no comprendía porque la miraban así y se echó a llorar hasta que la oscuridad la cegó.
-Pero señor podría despertar y ser la primera alma problemática de la historia.
-No lo hará, nunca ha ocurrido y no va a pasar ahora.
-¿Y si ocurre? No estamos seguros totalmente.
-No queremos correr riesgos, si le inyectas la anestesia y muere tú serás el culpable e irás a la cárcel a pagar por ello.
-Sé que tiene más experiencia que yo, pero si le digo que debemos inyectarle la anestesia será por alguna razón ¿no cree?
-Las posibilidades de que abra los ojos son una contra noventa y nueve.
-No pienso esperar más.- El hombre que llevaba la aguja la acercó al cuerpo de la pequeña niña.
-¡No lo hagas! ¡O serás un asesino!
-Lo que le pasa es que es su hija y no quiere perderla.
-Pues sí, si querer a mi hija es algo malo que me lleven contigo a la cárcel después de que la mates y yo acabe contigo.
-No quiero seguir discutiendo algo que no es lógico.
-Está muy débil, ha tardado en nacer horas y es casi imposible que abra los ojos.
-Usted mismo lo ha dicho, casi.
Pero para entonces ya era tarde, unos ojos violetas se abrieron paso a través de dos miradas de incredulidad y de sorpresa.
Ainara no comprendía porque la miraban así y se echó a llorar hasta que la oscuridad la cegó.