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26 sept 2011

FRAUDE!!!

Primera parte de la entrada:
Hoy vengo a hablar de malas personas que se alimentan de las ilusiones de los demás. Con exactitud quiero hablar del supuesto "Centro de estudios poéticos de España". 
Hace cosa de dos meses me presenté a un concurso de poesía y hoy me ha llegado una carta diciendo principalmente:
Después de leer y estudiar su poema, el Comité de Selección lo ha catalogado en nuestro concurso, Un paseo por Vetusta, como semifinalista. El jurado está trabajando y esperamos conocer el poema ganador a finales de Octubre... etc.
Otra parte de la carta que he de escribir:
María, imagine su poema en un precioso libro antológico....
... María, debe estar orgullosa de su logro. De los miles de poemas que leemos cada año, solo puede publicarse una pequeña fracción. Estamos satisfechos de que su poema va a recibir (mal escrito) el reconocimiento que una publicación, a escala internacional, puede conseguirle...


Ahora explicaré porque es un fraude. Es cierto que se presentan miles de personas al año, ¿y sabéis qué? A todos les llega esta carta cambiando el nombre del autor, la obra y si es un relato o poema.
Bien, os preguntaréis, ¿por qué hacen esa tontería?
Porque aquí viene el interés económico. Ellos publican un libro con todos los poemas para que los autores lo compremos, ¿sabéis cuánto cuesta? 50 EUROS! y no llega ni a las 200 páginas! ¿Cómo os coméis eso? ¡Pues sí! Y lo peor de todo es que el libro con nuestros poemas, relatos... Lo que sea que se haya presentado, no llegará a librerías ni a centros de cultura. Solo a nuestras manos.
No es más que un negocio.
Viven a base de nuestras ilusiones. Porque muchos autores novatos nos presentamos y nos ilusiona dicha carta donde nos dicen lo buenos que somos, pero se lo envían a cada participante. Puedes enviar un poema o un relato que sea malo, o sea retándoles como por ejemplo enviar:
Soy tonta ,
y tonta soy.
Que te enviarán esa maldita carta.
Con esto quiero advertir a todas las personas que se presenten a este concurso para que no firmen la carta donde te compran los derechos y te incitan a que les pagues 50 euros por la obra.
Además sus bases no son aceptadas por el resto de concursos. Podéis confirmar lo que os digo en Internet, para que veáis que no soy la única que los ha catado.
Muchas gracias a todos y espero que os sea útil.

24 sept 2011

Verdades que negué, capítulo dos


Capítulo dos:

Me encontraba a escasos metros de la puerta del orfanato cuando dejó de llover. Mi corazón latía velozmente y mis manos estaban sudorosas.
Llegué sana y salva aun sin creerlo.

La tarde siguiente cuando caminaba hacia casa de mi amiga Alex divisé una sombra detrás de mí. Me estaba volviendo loca, no me cabía duda. La noche anterior no había pasado nada, lo que significaba que mi mente lo había maxificado todo.
Torcí una esquina rápidamente y sin darme cuenta me choqué con alguien de frente. Las carpetas que llevaba en mis manos cayeron al suelo y me agaché a cogerlas. Otra vez volvimos a chocarnos.
-Parece que no soy el único torpe de la ciudad –Hemán me sonreía a la vez que tanteaba las carpetas en busca de las suyas.
-Parece que a ti también te gusta llevar carpetas.
-¿Por qué no miras por donde vas?
-Lo mismo podría preguntarte yo.
Maldecí en mi interior que tanto sus carpetas como las mías fueran de color rojo y de la misma marca. Que casualidad, ¿o tal vez las casualidades no existían?
-Perdona, llevas razón. Debería haber mirado por donde iba y no nos habríamos chocado- Su voz sonaba dulce y aterciopelada.
-¿Quieres que me sienta mal por no disculparme?
Cogí mis dos carpetas y eché a andar dejándolo atrás con las palabras en la boca. No tenía ganas de hablar con Hemán. No le conocía, era guapo y atractivo, pero había algo en él que no acababa de convencerme. Algo que me echaba para atrás.
La casa de mi amiga Alex se alzó ante mis ojos y llamé al timbre. Me abrió en pijama y me hizo pasar. Los sábados nos pasaban factura a todos.
-¿Qué querías enseñarme?
-¿Has oído hablar de poder ver auras?
-Sí.
-Pues he traído unos papeles que hablan sobre eso y que sé que te van a interesar.
Abrí una de las carpetas y le mostré varios folios llenos de ejercicios de concentramiento para poder ver las auras.
-¿Dónde aprendiste esto?
-En el último viaje que hice con mi abuela antes de que todo pasara…
-¡Es muy interesante!
Le dejé las carpetas sobre la cama y le dije antes de irme:
-Esta noche no salgo, estoy agotada.

Cuando estaba cerca del orfanato divisé una sombra en la pared, reflectada por la farola cercana. Escuché de nuevo pasos y decidí pasar de estos echos.
Me encerré en mi cuarto y me duché. Estaba cansada y mis sospechas me estaban pasando factura. Con Leo todo hubiera sido más fácil. En tan solo dos días me había enseñado a desconfiar hasta de mí misma, y ahora que no estaba, temía volverme loca.
Me asomé por el ojo de buey de mi puerta, que daba al pasillo. Observé como apagaban las luces.
De pronto escuché un grito ahogado que provenía de la habitación de enfrente. La mano de la chica que dormía allí se posó sobre la ventana de la puerta con fuerza y seguidamente escuché varios golpes secos.
¿Qué acababa de pasar? ¿La habían matado? Si era así, ¿significaba eso que de verdad alguien me seguía? Y lo más aterrador, ¿sería yo la siguiente?

22 sept 2011

Un espíritu singular...

Su transparencia me asusta,
su sonrisa me acoge,
sus ojos maldad ilustran,
y sus brazos calor esconden.


Por malo lo toman,
sin conocerlo siquiera.
Por bueno lo niegan,
dejando sus prejuicios hacia fuera.
Por matar lo doman,
como a una bestia cualquiera.
Y por querer lo ciegan,
como si estúpido fuera.


Su espíritu es puro,
aunque nadie lo aprecie.
Su cuerpo es oscuro,
y todos asienten.


Su malicia he de negar,
pues es inexistente.
He de recordar,
que no debemos juzgar.
Aunque su aspecto miedo da,
de maldad es carente.

PD: El domingo subiré el segundo capítulo de Verdades que negué.

18 sept 2011

Verdades que negué, Capítulo uno

Capítulo uno:

Habían pasado dos largos meses en los que mi vida había vuelto a la normalidad.
Tras instalarme en el orfanato vinieron las abrumantes preguntas sobre dónde me encontraba al morir mi abuela, por qué me había escapado, quién era el chaval que me había traído de vuelta… A los que yo respondí con mentiras que salieron de mi boca instantáneamente.
Con el tiempo me había dado cuenta de que Leo había intentado protegerme, de que si mi abuela había querido matarme había merecido la muerte, de que tenía que ser fuerte y no decaer, y por supuesto siempre recordaba que en cualquier momento alguien podía intentar matarme.
No había tenido noticias de Leo desde el día en que nos habíamos besado y había echado a correr. No tenía forma de localizarle y al menos quería saber si estaba con vida….
Cualquiera diría que estaba enamorada de Leo por querer saber si estaba vivo, pero no era así. Jamás me enamoraría de esa clase de persona, nunca. Aquella noche había creído que me había enamorado, pero ahora comprendía que no era más que atracción física lo que había sentido. Por haberme salvado tantas veces como mínimo le debía desear que estuviera a salvo.
-Sira, ¿has visto al nuevo? –Me preguntó mi amiga Alex.
-No. Aún no han empezado las clases…
-Es mi vecino.
El resto del trayecto hacia el instituto fue lo más pesado y aburrido del mundo. Alex no hizo más que hablar del chico nuevo que veríamos en pocos minutos. En mi cabeza no había sitio para ningún chico nuevo, había vivido demasiadas cosas fuertes hacía poco tiempo y tenía que superarlas del todo.
Al entrar en clase entendí porque Alex tenía tantas ganas de que viera al chico nuevo, era guapísimo. Nada parecido a lo que me solía gustar, rubio de ojos azules.

Cuando volvía del instituto comenzó a llover y tuve que esperar a que atenuara bajo el tejado de una casa.
Recordé los cafés que preparaba mi abuela cada tarde fría y lluviosa para que no perdiéramos el calor. Aún no me entraba en la cabeza cómo mi abuela había sido capaz de decidir matarme, ni cómo podía estar metida en una secta de asesinos… Nada llegaba a cuadrar en mi cerebro, pero había visto las pruebas físicas, los papeles y las fotografías, y tendría que lidiar con ello.
-¿Necesitas un paraguas? –El nuevo chico de clase, del que desconocía su nombre, apareció a mi lado sin que me diera cuenta-. Sira, ¿verdad?
-¿Cómo sabes mi nombre?
-Estoy contigo en clase. Soy Hemán –me tendió su mano. No pude rechazarla y le di la mía.
-¿Hacia dónde vas?
-Al centro.
-Entonces sigue, voy en otra dirección. –Eché a correr por la calle.
-Si quieres te acompaño y no te mojas…
Para entonces ya me había alejado lo suficiente como para no tener que responderle.
Cuando estuve cerca del orfanato dejé de correr y anduve lentamente, dejando que la lluvia se apropiara de mi cuerpo.
Mientras caminaba por los callejones paralelos a mi destino, escuché pisadas detrás de mí. Me giré varias veces y no vi a nadie. Estaría volviéndome paranoica.
Un crujido.
Giré la cabeza, nadie.
Pasos que me seguían cada vez más rápido.
Eché a correr por los callejones deseando llegar al orfanato. Cuanto más corría, más cerca escuchaba los pasos a mi espalda.
¿Quién me estaba siguiendo? ¿Querían matarme de nuevo? ¿Se había acabado la paz temporal? Y, ¿Podría salvarme esta vez, sin Leo?

PD: Si alguien quiere que le avise por eventos del tuenti o si quiere hablar conmigo, que me agregue a: May Ackles Padalecki Segundo.
No os olvidéis de comentar ^^

14 sept 2011

Delirios de una princesa


-¿Y qué ocurre?- dijo la princesa.
-Que nada puede seguir igual, los cuentos no existen -le contestó el príncipe.
-¿Por qué dices eso?
-Porque tú no eres una princesa, eres una persona normal y yo no soy un príncipe, solo un chico corriente. -De esta manera se bajó del caballo imaginado por ella y tiró al mar su amor sin más.


Y allí se quedó la princesa frente a un arco-iris de luto y el corazón hecho añicos.

12 sept 2011

Mentiras que creí, capítulo ocho

Capítulo ocho

Estuve muy inquieta esperando cualquier noticia de Leo. A las ocho de la tarde me había llegado una carta. Quedábamos en el puente antiguo en una hora.
El orfanato no era nada descomunal, una casa con veinte habitaciones, una cocina y dos baños. No había nada más. Iría al mismo colegio de siempre, haría vida normal y dormiría en el orfanato. Nada del otro mundo. Aunque no pude remediar extrañar el olor a café de mi casa.

Subí los escalones que daban al viejo puente con las piernas temblorosas y con sudor frío en la frente. No tenía miedo de Leo, pero sí de sus explicaciones y del futuro que tenía por delante. Aún no me había hecho a la idea de todo.
Escruté en la oscuridad que se ceñía sobre el puente y divisé los ojos marrones de Leo a lo lejos. Me acerqué a él y esperé a que hablara.
-Pensé que al final no vendrías.
-Quiero saber qué pasa.
-Pregunta.
-¿Quién era la mujer del armario?
-Mi tía. La esposa del hombre que lleva la secta, el que me obligó a entrar y a obedecerle. La maté por defensa propia. Me apuntó con una pistola y no disparó porque lo hice yo antes. –Mi rostro tuvo que descomponerse porque Leo se acercó a mí y me abrazó.
-Mi abuela, ¿por qué estaba en esa secta? ¿Mataba a gente? ¿Por qué no me mató a mí?
-Tu abuela era una de las fundadoras desde el principio. Ella ordenó matar a tu familia –las palabras de Leo se iban clavando lentamente en mi corazón-. Pero a ti no te mataron y se encariñó contigo. Así pasaron los años y fuiste creciendo, haciéndote un hueco en su corazón. Y sí, claro que mataba a gente.
-¿Por qué la mataste?
-La maté porque le habían ordenado matarte y estaba dispuesta a llevarlo a cabo.
-¿Por qué te entrometiste si nisiquiera me conocías? –Comenzó a llover con fuerza.
-Claro que te conocía. ¿Te acuerdas de tu mejor amigo, Felipe, desde la infancia hasta hace dos años? –Afirmé con la cabeza-. Bien, pues era yo. Después me corté el pelo, cambié mi forma de hablar, de actuar, crecí varios centímetros, entré en el gimnasio…
-Y no te he reconocido… Me dijeron que habías muerto.
-Felipe murió, yo no. Solo actuaba con esa identidad, mi nombre real es Leo.
-¿Por qué fingiste ser mi amigo tantos años?
-No fingí. Era un niño que iba al colegio, como todos. Solo que no utilizaba mi verdadera identidad para que jamás pudieran coger al clan.
-Por esa razón decidiste ayudarme, poner tu vida en peligro.
-Te elegí antes que el clan.
El viento mecía mis cabellos mientras Leo volvía a abrazarme. Las lágrimas abarrotaban mi rostro y caían al suelo cuales esquirlas de cristal. Acercó sus labios a los míos y nos fundimos en un tierno beso.
Noté sus brazos recorrer mi espalda y me dejé vencer por la pena y el dolor. No podía seguir ocultándolo más, mi vida se había convertido en una pesadilla.
-Leo… Creo que… No… No puedo negar que me estoy enamorando de ti…
-Me iré ahora que puedo…. Aún no te he destruido del todo.
Leo giró su cuerpo y echó a correr, así, sin más. Lo que no sabía era que ya me había destruido por dentro, ya había caído en la trampa del amor.

                                                         ¿Fin?
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