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28 jul 2011

Capítulo 1


Capítulo 1

Era una mañana de invierno muy fría, tan fría que nevaba sin cesar, no era el momento mas apropiado para salir pero mi abuela necesitaba un kilo de tomates para poder cocinar. Alcancé mi abrigo y salí de mi casa hacia el supermercado que quedaba al otro lado de la calle.
Estaba muy oscuro y la nieve entorpecía mi paso, me resbalaba y más de una vez estuve a punto de caer. La nieve me recordaba a mi vida, fría y veloz. Así había sido desde que mis padres habían muerto cuando tenía dos años. Mi abuela me había contado que habíamos tenido un accidente de coche y yo había sido la única superviviente. Siempre había querido saber más sobre ellos, pero a quién voy a engañar, mi abuela no quería contarme nada y decía que aún no estaba preparada.
Entré en el supermercado a paso rápido, no había mucha gente, era demasiado temprano para ir a comprar. Divisé mi reflejo en un espejo mientras pesaba los tomates. Mi pelo castaño rozaba mis pechos y mis ojos verdes brillaban a la luz de los focos. A decir verdad yo no era muy alta, al igual que tampoco era muy delgada, creo que era algo intermedio.

Metí la llave en la cerradura de mi casa y antes de entrar le eché un último vistazo a la calle, mis amigas aún no estaban por allí para ir al instituto. Era el último día antes de las vacaciones de navidad y se suponía que teníamos que cantar un villancico, cosa que no íbamos a hacer.
-¿Abuela? Ya estoy aquí.
Me adentré en la cocina y dejé los tomates en el frutero. Observé que había una cacerola con comida en la mesa pero ni rastro de mi abuela cocinando.
-¿Abuela? ¿Dónde estás?
Mi abuela no me contestaba, tal vez estaba en su cuarto y por eso no me escuchaba. Así que con mi certeza de que estaba arriba, subí a buscarla. Escalón a escalón comencé a sentirme inquieta, no había ni un solo ruido en mi casa.
-¿Abuela?
De pronto escuché un grito ahogado. Corrí con todas mis fuerzas hasta la habitación de mi abuela y vi como se desplomaba al suelo. Un hombre tras ella sostenía un cuchillo bañado en sangre. Grité con todas mis fuerzas y alcancé lo primero que vi, una barra de hierro que utilizábamos para sostener el armario que se venía abajo. El hombre saltó por la ventana y se perdió en la oscuridad de la noche.
Llamé a la policía y a la ambulancia. Me eché a llorar y me acerqué al cuerpo de mi abuela. La giré y vi que la puñalada había sido tan profunda que había llegado hasta su corazón, no necesitaba ningún médico que me dijera que estaba muerta, lo sabía. Había sido un asesinato y tenía que haber alguna razón, tenía que haber pasado algo antes.
Rebusqué por toda la habitación de mi abuela con el rostro bañado en lágrimas, la policía y la ambulancia llegarían en unos escasos minutos. Abrí todos los cajones, cajas y compartimentos que vi pero no encontré nada. Hasta que reparé un trozo de madera que sobresalía del suelo, que estaba marcado. Lo tanteé y conseguía abrirlo, en su interior solo había una nota: <<Robintón, 9>> Tenía que ser una dirección, Robintón era una calle de mi pueblo. 
Sonó el timbre de mi casa y corrí a abrir la puerta a tiempo que guardaba la nota en uno de los bolsillos de mi pantalón. La ambulancia llegó y se llevó el cuerpo de mi abuela. Un grupo de policías entraron mientras los médicos salían y comenzaron a buscar pistas en la habitación.
-¿Eres su nieta, verdad?
-Sí…- Balbuceé entre lágrimas.
-Recoge tus cosas, tenemos que llevarte a una casa de acogida.
Eché a correr hacia mi cuarto y me encerré en él. ¿Qué estaba pasando? ¿Quién había matado a mi abuela? ¿Qué iba a hacer yo ahora? Y lo más importante, ¿por qué estaba pasando todo esto?

25 jul 2011

Prólogo de Mentiras que creí.

A partir de hoy comienzo a escribir una historia en el blog, Mentiras que creí. Iré subiendo capítulos algunos días de la semana. 


Prólogo:


Dicen que tras las estafas, los engaños y las mentiras se esconde un verdadero significado. También dicen que cuando te mienten y te esconden algo te vuelves loca intentando averiguar qué.
Mi nombre es Sira, a mis dieciséis años he descubierto una terrible verdad, toda mi vida es un engaño. Todo lo que creía cierto, es mentira. Y todo lo que me contó mi abuela, es una farsa. Siempre he creído que la muerte de mis padres había sido un accidente, que mi abuelo había muerto por una enfermedad y que mi abuela era la única persona que me entendía. Pero ahora sé que nada de eso es cierto.
Muchas veces he pensado que mi vida era lo más normal del mundo, pero todo cambió cuando la muerte llamó a mi puerta.  Esta, es mi historia...

22 jul 2011

La gente que engaña...



Ahora son exactamente las una de la mañana y no puedo dormir. Hace un rato que he llegado de la calle que he salido con mis amigos y necesito escribir esta entrada. Va dedicada a todas las personas que engañan y mienten:


¿Cómo es posible que haya gente tan falsa, mentirosa y rastrera? No entiendo cómo hay gente en este mundo que es capaz de negar lo obvio, cómo pueden decir una cosa y después negarla. Estoy harta de la gente falsa, de l@s mentiros@s que se dedican a dejarte mal delante de otros. Estoy harta de la gente que te pone una cara por delante y después otra por detrás, estoy harta de que me sonrías y después cuando me giro me hagas un corte de manga.
¿Sabéis qué? En este mundo hay gente que hace daño porque es así, porque les parece una buena forma de divertirse, de entretenerse. Y personalmente estoy harta de gente que va dando el palo para llamar la atención. Por favor dejar de engañar y de hacer daño, ser honestos y decir la verdad.




Sé que esta entrada es muy personal pero ahora mismo me hierve la sangre al pensar en todo lo que ha pasado hoy, en todo lo que he visto. Me he dado cuenta de que no puedo confiar en cualquiera y que hasta de quien menos me lo espero me puede traicionar. Seguro que conocéis gente de este palo, gente que engaña y es falsa, que lo hace para quedar bien delante de otros o porque se sienten mejor con ellos mismos.
No soy esta clase de persona y no lo seré JAMÁS y por eso mismo NUNCA me pondré a vuestra altura, nunca hablaré mal de nadie que no esté delante. Y como NUNCA lo he hecho no podéis echarme nada en cara.


Iba a escribir una reflexión personal sobre la anorexia, pero tras esta noche no he podido remediar desahogarme aquí. Espero vuestra opinión, buenas noches a todos.

Mentiras que creí

Hola a todos (: 
A partir del lunes comenzaré a subir una historia llamada "Mentiras que creí". Espero que os guste:)
Besos y buenos días a todos!^^

19 jul 2011

Este poema se lo escribí a Scott, un chico que me lo pidió...

Nunca podré decir que no te quiero,
pues mi amor por ti es tan eterno...
Por ti sucumbiría la tierra y el cielo,
ya que cuando estoy solo te anhelo.


Tal vez no llegues a entender por qué siento esto,
pero cuando no te lo digo me detesto.
A lo mejor me mirarás y me dirás que te correspondo,
y sin darte cuenta me estarás destruyendo poco a poco.


May

15 jul 2011

Tristeza...

Hay días en los que la tristeza nos inunda. No sabemos qué hacer, si llorar o morir. Las lágrimas bañan tu rostro y te da la sensación de que tu mundo se viene abajo. 
Tengo algo que decir, hay veces en los que hay que levantar la cabeza, secarse las lágrimas y echar a andar por el camino. Hay que pensar en los que te rodean y en ti misma, hay que ser egoísta y dejar de sufrir.
Sin embargo, hay otros días en los que no se puede remediar llorar durante horas, sentir esa angustia y esa muerte interior. Parece que el cielo ser torna oscuro y lejano, que los pájaros en vez de cantar lloran al compás de tu respiración acelerada, que el mundo te da la espalda y nadie puede entenderte... Es terrible, más aún que tu imagen demacrada por las lágrimas y la tristeza que te abruma. 
Hay que llorar por cosas que valgan la pena, hay que sufrir por cosas importantes y no por jugarretas que te haga la vida, hay que sonreír, que levantarse y andar. 
No puedo negar que sea ese tipo de persona que no pueden dejar de llorar cuando sufren pero sí puedo decir que sé levantarme y seguir andando, que sé luchar por lo que quiero y que la tristeza no puede pararme. Y a veces las cosas pasan por una razón. 
Tenemos que darnos cuenta de que las princesas, los príncipes y los cuentos de ensueño no existen. Esto es la Tierra y esta es la vida, con golpes o sin ellos.
Quien vive soñando o engañándose a si mismo no vive, solo sueña. Y la vida es dura pero real y hay que saber hacerle frente y dejar a un lado la imaginación. Y sé que al principio cuesta quitarse la idea de la cabeza de que en la vida hay que luchar para lo que se quiere pero es lo único que se puede hacer... Preferiría mil veces vivir en el mundo de mis libros y mis historias pero desgraciadamente sé que solo son fruto de mi imaginación, que por mucho que lo deseé jamás existirán...
Y ahora me encuentro aquí, en un punto sin retorno. Donde he decidido ser realista y mi corazón me grita que siga soñando, que sea feliz. Porque es mejor ser inocente e ignorante y poder sonreír con motivos inexistentes... O quizás no sea así, y eso solo haga que seas una infeliz sin darte cuenta.
No sé... Solo soy una persona más con dudas incontrolables...

11 jul 2011

Sinopsis de Elección (mi tercer libro)

Mi nombre es Sarishalathel.
A simple vista parezco una chica normal pero no lo soy.
Soy un ángel condenada a ser humana.
Y tengo un problema... Me he enamorado de un humano.


Si tuvieras que elegir entre la vida humana y el amor, ¿qué elegirías?
Si de pronto desapareciera el sol ¿a quién recurrirías?

10 jul 2011

La cuenta atrás.


Tal vez nunca te haya pasado,
Tal vez nunca lo hayas vivido.
Que hayas arriesgado,
porque lo has querido.

Nadie puede entender,
lo que significa para mí.
El no poder comprender,
que no quiero seguir.

Piensan que es porque no le quiero,
pero lo hago por el bien de ambos.
Porque lo siento, siento miedo,
y es difícil de entender en estos casos...

No pido que me comprendáis,
solo que me deis una oportunidad de explicar.
Lo que puedo decir es que solo habláis...

Y ahora me quedaré aquí sola,
llorando pues nadie me entiende.
Escondida en las sombras,
aunque jamás daré mi brazo a torcer.

Las paredes se encojen,
la cuenta atrás sale,
y nadie viene a cogerme.

Las lágrimas bañan mi rostro,
delante del miedo.
El espejo esconde un rostro,
un rostro oculto bajo miles lágrimas de miel...

Porque la cuenta atrás salió hace mucho tiempo,
cuando tú y yo nos peleábamos por llevar la razón.
Y miento si digo que no te quiero...

8 jul 2011

Se acaba

El amor se acaba,
o al menos eso creía.
Pero iba a estallar de lo que guardaba,
lo que guardaba no era lo que quería.

Yo te quiero a ti, tú a mí,
¿pero es eso suficiente?
Porque sabes que siempre estaré enamorada de ti,
o eso rondaba por mi mente.

No me obligues a decirlo,
porque eso me destruiría.
No me obligues a decirlo,
porque con eso me desangraría.

Si no valoras lo que tienes lo perderás,
y si pierdes lo que tienes serás un alma sola.
Desaparecerás entre la gente y lo sentirás,
sentirás la soledad y negarás la verdad.

Ponle remedio a nuestro problema,
porque yo me siento inútil con este dilema...

May
27/05/11

7 jul 2011

Absurdo

Cual barco que navega,

cual pájaro que vuela,

el aire que respiro,

son los versos que deliro.


May
18/05/11

6 jul 2011

Prólogo Elección

Prólogo:


Mis muñecas estaban amoratadas por culpa de las cadenas que me sostenían clavada a la pared y sin derecho a ninguna movilidad. Mis piernas colgaban como un peso muerto al igual que mis blancas alas atrapadas por un cepo hecho de hierro que dañaban la perfección que recorría cada preciosa y delicada pluma.
Miré hacia la entrada de la celda donde me tenían encerrada por no seguir sus normas. No podía creer algo que realmente no tenía ni pies ni cabeza.
Tiré con fuerza de las cadenas que me apresaban a la pared pero no conseguí más que hacerme daño. Mi vestido blanco estaba hecho un harapo, lleno de arañazos y sangre.
Alguien aceleraba el paso, un ángel bajito con grandes alas flácidas se acercaba a mí con una bandeja que tenía una carta en su centro con un sello negro. Yo ya sabía que era aquello, mi próximo viaje a una ejecución. Maldije en mi interior no haber escapado a tiempo. Hasta mis propios hermanos me traicionaban. No sentía nada... Como siempre. Solo temía por perder mi vida de un momento a otro. La vida a la que estaba acostumbrada, a no tener que pensar ni sentir, solo actuar.
Abrió la puerta de la celda produciendo un sordo ruido que llegó a mis oídos y me puso los pelos de punta. Alcanzó un taburete que se encontraba cerca, se subió a él y me miró a los ojos con impotencia. Entendí que le ocurría, era mi hermano y no quería verme sufrir. Sin embargo, él siempre seguía órdenes. Tenía que seguir las pautas que le habían dado y sin queja alguna. Cogió una pequeña navaja que llevaba en la mano derecha y con la izquierda abrió la carta, era zurdo al igual que todos los ángeles. Alzó dicha carta hacia mi rostro y leí lo poco que decía. En escasos minutos tendría un juicio, ya estaba condenada, tal vez a un par de años en el infierno o sería expulsada de la ciudad de los ángeles durante un tiempo. 
Tras releer la carta una y otra vez durante un largo y desesperante minuto mi hermano alcanzó una llave que llevaba en el bolsillo, la encajó en las cadenas que me tenían crucificada y caí al suelo con un golpe seco. Me hice bastante daño en las piernas pero no me importó. Por fin tenía libertad. No durante mucho tiempo, pero las punzadas de las muñecas habían cesado y eso era otro punto más a mi favor. Otros dos ángeles entraron en la celda para sujetarme antes de que se me ocurriera la estúpida idea de escapar, era totalmente imposible. Eran altos, muchísimo más que yo.
Tomaron mis manos con delicadeza y me guiaron por las mazmorras aun sabiendo que me las conocía mejor que la palma de mi mano. Durante mis 80.000 años había sido una de esos ángeles sin piedad que castigaban sin sentir compasión... Mis actos me la habían jugado, lo sabía mejor que nadie. Ahora era yo la que se ponía en la posición de los condenados. Por una vez en mi vida vi como todo llegaba a su fin... O eso deseé porque en el juicio me esperaba algo peor que el bochorno de tragarme mi orgullo.
Cruzamos el patio de ejecución, utilizado pocas veces. Los ángeles no merecíamos morir, éramos seres perfectos, creados para conseguir un equilibrio entre el amor y el odio, adorados por tantos humanos. Porque no eramos más que semi dioses que copiaban la respiración de nuestro creador, al que ni siquiera conocíamos... Tan ignorantes y patéticos como los humanos. La diferencia estaba en que no destruíamos lo que teníamos por avaricia, respetábamos nuestras diferencias sociales. Todos seguíamos a nuestro padre... Bueno no todos, yo no creía en él. Nunca me habían demostrado que existía. No comprendía porque los humanos nos veían tan diferentes a ellos. Nosotros solo teníamos fe, al igual que ellos. Nos llegaban órdenes de ángeles que recibían órdenes de ángeles que recibían más órdenes... Y de esta manera nunca sabíamos realmente a quien seguíamos. Una de las razones por la que iba a ser condenada.
Seguimos caminando hasta llegar el final de los largos corredores que cruzaban el palacio angelical donde el consejo se reunía para decidir quien podía vivir y quien morir... El mismo al que yo pertenecía hasta que metí la pata, no calculé lo suficientemente bien mis pasos y lo estropeé todo... Solo quería ser libre. Quería conseguir el equilibrio perfecto que nos faltaba, pero un ángel sola no puede hacer nada contra tantos millones de seres que seguían ordenes de un ser inexistente, hacía años que había dejado de creer en esa absurda idea. No se me pasaba ni por la cabeza la mera idea de su existencia... Nadie podía demostrarlo y yo solo creía en lo que veía.
Tras 80.000 años siguiendo al consejo me di cuenta de que solo me utilizaban para lo que les interesaba. Este consejo estaba formado por cuatro ángeles: Cóstea, una mujer imponente, alta y delgada, con un gran carácter, la misma que me traicionó; Michell la otra mujer que componía a este consejo era bajita, pelirroja con ojos azules, de carácter tranquilo, vaga, tímida y a penas hablaba; Sterru un ángel altísimo, fuerte moreno de ojos celestes y extremadamente pesado e ignorante; por último estaba Damacio un hombre joven al igual que yo, de mirada penetrante color avellana, cabello castaño y tranquilo pero a la vez compresivo, mi mejor amigo desde la infancia y con quien podía contar para todo. Anteriormente eramos cinco pero claro... Me echaron. ¿Por qué?
Era una noche de tormenta donde la lluvia arreciaba con fuerza sobre la Tierra. Yo llevaba un año intentando implantar esa nueva forma de pensar a través de la cual los ángeles podían ver que no tenían por qué seguir órdenes y que los humanos eran seres destructivos que no se merecían su planeta. Damacio lo sabía mejor que nadie, él conocía cada paso que daba pero siempre guardaba el secreto. Días antes Cóstea me había jurado lealtad por salvarla de otro ángel que se lanzó hacia su pecho para matarla. Me prometió guardar todas mis confidencias personales y yo cual ignorante la creí... Le conté todos mis planes y ella dijo que me apoyaría en todo. Aquella noche Michell se acercó a mí y me colocó un cepo en las alas sin ninguna explicación aparente, sin embargo, yo ya sabía lo que ocurría. Catorce horas más tarde me encontraba en la maldita celda donde me habían metido como a una vulgar más.


Llegamos al juzgado, muchos ángeles sentados en mantas esperaban en la puerta, eran los típicos cotillas que querían saber lo ocurría en cada momento y más si se trataba de mí, un ángel que había traicionado al consejo. Ese era un buen tema para hablar durante muchos años. Nadie volvería a verme como la inocente que todos creían que era.
Me adentré en el juzgado junto a los ángeles que me tenían atada. Todos se pusieron en pie y me miraron con una expresión de indiferencia. Ya se había corrido la voz demasiado, seguramente habrían inventado más cosas de las reales que contaban. Otros me miraban con tristeza, o al menos eso vi reflejado en la cara de mis amigos. Aquello era bastante trágico... Los ángeles no solíamos sentir tristeza excepto cuando se nos alejaba de nuestros seres queridos. Obviamente queridos en el término fraternal. Porque no éramos tan imperfectos como los humanos, no sentíamos el famoso amor que tan locos los volvía. No existía ninguna pareja de ángeles.
Anduve lentamente hacia una silla que estaba colocada en el centro de la sala, rodeada por todas las gradas y a la vez por todos los ángeles que tenían derecho a saber lo que ocurría, que no eran muchos, unos doscientos calculé. Sus miradas se posaban en mí traspasándome y dejándome en el suelo sintiéndome inferior a ellos. Otra cosa buena que teníamos los ángeles era que en nuestra sociedad todos eramos iguales ignorando cómo nos sintiéramos. Estaban los buenos que merecían vivir en la ciudad de los ángeles y los malos que eran condenados, no había termino medio.
Me acompañaron hasta la desgastada silla de madera, esperaron a que tomara asiento para segundos después tener que levantarme porque así lo pedían los jueces, luego se marcharon.
Cóstea vestida con un vestido negro elegante, me miraba desde arriba con el mazo en la mano y a su lado Damacio mirándome con tristeza, seguramente le habrían obligado a participar en mi juicio y a decidir, lo hacían para hacerle daño. Sabían que la decisión realmente importante era la de Cóstea y nadie más. La mayor de todas, había vivido desde el principio de los tiempos, según todos era la que más experiencia tenía... Obviamente ocho mil millones de años no era muy poco, había visto nacer a los humanos, desde que se creó la primera célula hasta el último avance que habían conseguido.
-En pie -me dijo Damacio ocultando su amistad. Me levanté y segundos después volví a sentarme.
-No tienes derecho a decir nada hasta que se te dé permiso o todo será utilizado en tu contra -suspiré mientras Cóstea escupía las palabras-. Es acusada de traición al consejo angelical. Decidió tomarse la justicia por su mano. Intentó crear un grupo de rebeldes contra sus propios hermanos por la simple idea de que los humanos no se merecen lo que tienen. No es nadie para decidir eso, ni para opinar.
Solté un bufido. Cóstea se aprovechaba y disfrutaba de la situación... Siempre tan hipócrita.
-Sarishalathel será condenada a convivir con los humanos hasta... 
-¡No! -Grité con todas mis fuerzas interrumpiendo a Damacio.
Aquello era demasiado, no podían hacerme eso... No podían ser tan crueles.
-¡Silencio! -Me mandó a callar Cóstea mientras dirigía una mirada a Damacio para que continuara.
-Como iba diciendo será condenada a vivir con los humanos hasta que consiga apreciarlos tanto como se merecen. Porque padre dice que son perfectos y no es nadie para cuestionarlo... -Damacio hablaba con nerviosismo y a la vez tristemente, le hería tener que decirme todo aquello-. No volverá a ser un ángel hasta que consiga adorarlos. Ahora puede hablar.
-No... No podéis hacerme esto... Llevamos muchos años juntos... Por favor, me matarán como a una más. Solo sabe destruirse entre ellos... ¿Cómo pueden ser así?... Cualquier otra cosa menos eso por favor.
-¡No!- Sentenció Cóstea.- Está decidido Sarishalathel.
La oscuridad inundó mi mente tras sus palabras.

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