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28 nov 2011

Simplemente...

Cuando rozo su piel,


a mi mente tiento.


Beso sus labios de miel,


dándome cuenta de lo que siento...

24 nov 2011

Miedo a tu interior


Me sudaban las manos como nunca antes, me temblaban las piernas y la cabeza me daba vueltas. Estaba cerca, muy cerca, en mi interior. Salí corriendo del comedor con las manos en la cabeza, ¿me estaba volviendo loco? Caí al suelo. Me levanté con todas mis fuerzas y comencé a subir las escaleras con la mirada empañada y con lágrimas bañando mi rostro. 



Tenía miedo, mucho miedo. Cada escalón que pisaba hacía que me sintiera más inseguro. Palpé la pared y encendí la luz. Al final del pasillo me esperaba el baño. Lentamente caminé hacia éste. 
Me adentré en él y tuve que apagar la luz. Me dañaba los ojos y me ardía la piel bajo los focos. Me acerqué al espejo y admiré mi reflejo, mis ojos estaban rojos y mi cara pálida y mortífera. Divisé al asesino que me acechaba, yo. Era la hora de salir de caza, la sangre me llamaba...

22 nov 2011

Los días...

Los días se hacen terriblemente largos cuando noto tu ausencia, cuando carezco de tus besos y caricias. Se vuelven negros y las luces se apagan cuando no estás. Intento esconderme en mi interior para no mostrar que te extraño, que te echo demasiado de menos.
Te necesito a mi lado para hacerme sonreír. Y aunque no lo creas, en tan poco tiempo, me has hecho más feliz que ninguna otra persona antes. 
Pensaba que era una persona enamoradiza, estaba equivocada, me he enamorado tan solo una vez... 
Intenté enterrarlo en mi interior, puesto que no me gusta exponer mis sentimientos, ¿pero cuánto he aguantado? ¿Un mes? ¿Es acaso eso algo? No he conseguido guardarme un te quiero más de un mes. Me prometí a mí misma no regalar esas preciosas palabras a nadie nunca más. 
Pero he descubierto que a ti no te las regalo, sino que simplemente te digo la verdad. Porque te quiero... Y te lo diría mil veces cada segundo...

19 nov 2011

Verdades que negué, capítulo nueve y epílogo (VERDADES QUE NEGUÉ ES LA CONTINUACIÓN DE MENTIRAS QUE CREÍ)

Capítulo nueve

Abrí los ojos de pronto y respiré una gran bocanada de aire.
Tan solo divisé oscuridad, una oscuridad fuerte, profunda y desconocida. No escuché nada, el silencio reinaba en el ambiente. Froté mis ojos con delicadeza y me incorporé. ¿Dónde estaba? ¿Estaba viva? ¿Qué había pasado? Los recuerdos eran borrosos, no podía ver bien qué había ocurrido.
Me levante y vi que estaba en tendida en una cama. Rocé el suelo con mis pies descalzos y me mantuve quieta y de pie escrutando la oscuridad que me rodeaba.
Palpé la pared y me llegué hasta una puerta. La abrí y la luz me cegó. Tuve que cerrar los ojos instintivamente y esconder mi rostro.
Poco a poco miré hacia el exterior y vi una playa. Una preciosa playa donde las olas rompían al compás del viento. Observé mi cuerpo, llevaba unos vaqueros roídos y una sudadera. La misma ropa que… ¿Hacía cuánto? Estaba completamente desorientada y había perdido la noción del tiempo. Me encontraba perdida.
Pisé la arena de la playa y me acerqué a la orilla. Me senté y dejé que la brisa del mar revolviera mi pelo.
Alguien me tapó los ojos y balbuceé.
-Le… Leo.
-Por fin te has despertado. –Se sentó a mi lado y me dio un beso en la mejilla.
-¿Dónde estamos? ¿Qué ha pasado? ¿Hemos muerto? –Leo rompió a reír.
-¿Muerto? ¿De dónde te sacas eso? Hace una semana caíste en coma. Traje un médico que dijo que despertarías.
Sus palabras abarrotan mi mente de preguntas. Donde destaca una: ¿ha sido todo real?
-¿Qué? ¿Hemán, la casa, la lucha, tú y yo, no fue real?
Leo se queda callado mirándome. Acerca sus labios a los míos y me besa.
-¿Te parece eso real?
-No has respondido a mi pregunta.
Pasa su brazo sobre mis hombros y pega su cuerpo al mío.
-Sira, te quedaste en coma el mismo día que nos volvimos a ver. Cuando Hemán tenía un cuchillo sobre mi cuello cogiste otro y lo amenazaste. Entonces un disparo cortó el aire, uno de los compañeros de Hemán es mi socio y me estaba ayudando. Pero antes de que pudiera llegar a ti el otro hombre que estaba de parte de Hemán te golpeó fuertemente en la cabeza.
-Y me quedé en coma… Esa conversación en la habitación no fue… Real…
-Sí lo fue. Estabas medio atontada y nos encerré en esa habitación. Tras besarnos y escuchar que lo sentía y que te había fallado te caíste al suelo. El hombre que me ayudaba nos sacó de allí y te traje aquí, para esperar a que despertaras.
-No te mataron. Ni a mí tampoco. Menos mal… Te quiero –le dije rompiendo a llorar.
-Lo siento Sira. Conmigo jamás tendrás una vida normal. Te explicaré lo que vamos a hacer. Te vamos a… Borrar los recuerdos. Diremos que durante las vacaciones tuviste un accidente y tu vida volverá a la normalidad. Porque el clan se ha olvidado de ti, no te matarán a cambio de que olvides todo lo que sabes.
-No puedes pedirme que olvide esto Leo. No puedes. –Las lágrimas que caían de mis ojos pasaron a ser pesadas y la angustia me recorrió por dentro.
-Te quiero Sira y esto solo hará que tú no me quieras a mí. No hará que yo deje de quererte. Volveré a por ti, te lo prometo. Y aunque no me reconozcas, seguiré ahí. Seré tu amigo Felipe que ha vuelto después de tantos años.
-Yo no quiero a Felipe. No quiero olvidarte Leo. No quiero y no puedes obligarme.
-Te equivocas. Y lo haré por ti.

Epílogo:

Mi vida volvió a su cauce tras las vacaciones. Los profesores decían que había tenido un accidente y que probablemente no recordaría nada.
Sin embargo, Leo no lo había hecho. Leo no había borrado mis recuerdos. Porque conservaba su fragancia en mi memoria.
Sé que fue real. Porque han pasado meses y ha vuelto. ¿Cómo? Como Felipe. O al menos para el clan. Porque cuando estamos solos hablamos de por qué no me borró los recuerdos y nos queremos en silencio hasta que parezca creíble que amo a Felipe y no a Leo. Pero no es así… Y sé que aún quedan meses para que hagamos público que estamos juntos, pero no me importa, porque Leo es tan complicado y misterioso como siempre cuando estamos solos. Y con eso me basta.

Espero la opinión de todo aquel que se haya leído esta pequeña historia y por supuesto, gracias a todos, porque si no leyerais lo que escribo no tendría sentido. Gracias (:
Ya tengo la idea para una próxima novela que subiré a este blog. Será más larga pero no tan fuerte y misteriosa al fin de cada capítulo como esta. Estoy segura de que os gustará si os gusta leer (: Un beso a tod@s!

13 nov 2011

Verdades que negué, capítulo ocho

Capítulo ocho:

Escuché un disparo que cortó el aire y mi aliento en dos. Se me heló la sangre y apreté los ojos con fuerza en un ademán de no sufrir.
No estoy segura de qué ocurrió realmente. Simplemente noté como los brazos de alguien me alzaban y me vi suspendida mientras el aire me azotaba la cara. No abrí los ojos, tenía miedo. No sabía qué estaba pasando.
Algo era obvio, seguía viva, mi corazón latía velozmente y mis lágrimas abarrotaban mi rostro.
De pronto la persona que me aguantaba me dejó en el suelo con cuidado y se abalanzó sobre mí.
-Leo… -Lo abracé con fuerza y dejé que mis lágrimas empaparan su sudadera.
-Sira lo siento, no he podido protegerte. No he cumplido y ahora estamos encerrados.
En efecto estábamos encerrados en una habitación.
-Ahora mismo estamos a salvo –le dije. En realidad no estaba segura de si era así.
-No. Llegarán de un momento a otro. Saben que estamos aquí. Solo tienen que echar la puerta abajo.
-¿Qué va a pasar ahora Leo? Nos perseguirán para siempre.
-Sira, llevo meses alejado de ti. Intentando que lleves una vida normal. Pero nuestras vidas se cruzan…
-Tendrá que significar algo –le dije. No podía negar que quería que significara algo. Había estado negando que quería a Leo y era mentira. Desde el momento en el que me había salvado me había dado cuenta de que era especial.
-Sira, yo… Desde que te conocí hace tantos años... Siempre te quise. Estaba enamorado de ti. Por eso dejé al clan y a mi familia, por eso volví a tu lado a salvarte. Sin importarme a quién tuviera que llevarme por delante. –Escuché un fuerte golpe en la puerta. Ya estaban allí.
-Yo también te quiero Leo. Estoy enamorada de ti. Y sé que probablemente no salgamos de esta así que quiero que lo tengas presente.
Leo acercó sus labios a los míos y nos fundimos en un beso que disipó cualquier duda sobre si estábamos destinados.
-Sira, lo siento. Ojalá no te hubiera fallado. Ojalá no me hubiera apartado de ti. Ahora sé lo importante que eres y… Todo esto es mi culpa. Porque tendría que haberme quedado y haberte protegido pero fui estúpido…
-Leo, no pasa nada. Lo que digas no va a cambiar este momento. Y pensaste que marchándote de mi vida me salvarías. Y… No te importó cuanto te doliera… Te quiero.
La luz del pasillo nos iluminó y Hemán levantó la pistola de Leo que se le había caído por el pasillo.
Escuché un disparo y ahogué un grito. Noté como la sangre brotaba de mi cuerpo y comencé a marearme. La mano de Leo soltó la mía y me desplomé en el suelo perdiendo la conciencia.

11 nov 2011

El tiempo lo arrebata...

Tenía razón al decir pensar que el tiempo se lleva todo lo que pasa. Todos los sentimientos que fluyen en nuestro interior y todos los que no lo hacen. Porque el tiempo es el único que sabe puede arrebatarte lo que sientes. Es el único que se lo lleva y que te hace ver que no era real. Porque si es real no deberá podrá llevárselo.
Los sentimientos son confusos idealizados, no son completamente ciertos. Porque cuando piensas dices que quieres a una persona y luego no es así significa que has idealizado lo que sientes. Que en el fondo lo sabías...
Al principio jamás entendía esto. Nunca entendía por qué la gente decía que los te amo te quiero no se regalan, y que la mayoría no son ciertos. Pero ahora lo entiendo. Ahora entiendo la diferencia entre amar querer a alguien, y creer quererlo. 
Cada persona entiende vive los sentimientos de una forma excéntrica diferente. Cada persona vive el amor y la tristeza de una forma distinta, pero en el fondo, ¿no nos hace eso iguales? ¿No nos hace iguales ese sentimiento de confusión hacia lo que sentimos?

8 nov 2011

Tentación malvada

La sangre de su cuerpo,
se derrama lentamente.
Está manchando el suelo,
de un rojo que brilla intensamente.
¡Oh tentación malvada!
¡Que me alejas de los que quiero,
y me acercas a tu morada!
Aquella morada donde la sangre es lo único que veo...



No entiendo qué me pasa,
por qué siento esto,
solo deseo estar en calma.
No la detesto,
la necesito.
Necesito sentir que cae de mi boca,
que roza mis labios con fuerza,
y vuelve a caer en el cuerpo del que proviene.


Este texto aparece en la novela que estoy escribiendo, y tiene una gran relación...

5 nov 2011

Verdades que negué, capítulo siete

Capítulo siete:


Me dolía la cabeza terriblemente al abrir los ojos. Mi estómago estaba revuelto y tenía unas ganas de vomitar exageradas. Tenía fatiga y los ojos me picaban.
Me di cuenta de que estaba en una habitación cerrada, las ventanas estaban cerradas y la puerta entreabierta, por lo que se colaba un haz de luz.
La oscuridad lo cubría todo por lo que tardé unos segundos en acostumbrarme. Me di cuenta de que en la habitación solo estaba yo con unos muebles, nada más. En un principio escuché sonidos lejanos, pero poco a poco comencé a entender que estaba en el piso de arriba y que había personas abajo.
Entonces me acordé de Leo… ¿Había estado allí de verdad? O tal vez solo era cosa del golpe… Él me había abandonado, me había traicionado, me había mentido y me había utilizado. No quería pensar en él.
Mi corazón latía velozmente cuando media hora más tarde escuché pasos de alguien acercándose a la habitación donde me encontraba. La luz de la vela que llevaba le iluminaba el rostro. Hemán se acercó a mí y una sonrisa maliciosa salió de sus labios. Acercó sus dedos a mis mejillas que se encendieron por el calor que transmitían sus manos. Aparté la cara en un ademán de salvación y agarró mi barbilla hasta alzarla lo suficiente para tener que contemplar sus ojos. Eran magnéticos y fuertes. Recorrieron mi cuerpo y me pegué contra la pared queriendo escapar de él.
-Déjame en paz –le dije rechazando su mirada.
-Sira no…
-¿Por qué Hemán? ¿Tú también tenías que ser malo? ¿Por qué? O mejor no me lo digas, porque a estas alturas me lo espero todo.
-Déjame que te explique…
De pronto un sonido rompió el silencio que nos rodeaba y que comencé a inquietarme. Un portazo en la planta de abajo y Hemán salió corriendo de la habitación.
Me quedé mirando la puerta con determinación. No estaba segura de si debía hacerlo… Pero no podía quedarme allí encerrada.
Salí al pasillo aunque sabía que no debía hacerlo, que era mejor quedarme donde estaba, pero no me importaba. Me acerqué temblorosa a las escaleras y comencé a bajarlas lentamente. No escuché nada, la casa se mantenía en un silencio sepulcral.
De nuevo las nauseas subieron por mi cuerpo. ¿Qué me habían dado para sentirme tan mal? Probablemente me habían drogado y llevaría horas en esa habitación encerrada.
Crucé el salón y me adentré en la cocina.
-No te muevas –escuché la voz de Hemán. Me giré y lo vi, Leo estaba ante mí con un cuchillo en el cuello que mantenía Hemán.
-Leo… -Musité. Sus ojos me dijeron lo que quería, esa respuesta que había buscado en mi interior. Él en ningún momento me había traicionado, Hemán me había mentido todo el tiempo.
-Un centímetro Sira, y me lo cargo –antes de que me diera tiempo a reaccionar Leo se agachó y agarró las piernas de Hemán, lanzándolo al suelo. Dos hombres aparecieron por la puerta y alzaron un cuchillo cada uno. ¿Es que no tenían pistolas? Aquello era absurdo.
-Déjale en paz –le grité a Hemán. Agarré un cuchillo que había sobre la mesa y me acerqué a Leo-. Me has mentido Hemán. Me has hecho sentir peor de lo que me sentía y ahora se acabó.
-Creo que eso lo decido yo –Leo sacó una pistola y me apuntó con ella.
Entonces me quedé helada, ¿acaso era todo cierto? Mi corazón dio un vuelco y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos.


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Bueno hoy me estreno en esto de los concursos de libros y demás, creo que es algo que vale la pena participar puesto que los libros están muy caros. Lo hace Bells : http://myfavoritebooks-bells.blogspot.com/2011/10/2-concurso-en-el-blog.html
Sortea un ejemplar de La casa del Torreón (siento no poder poner la imagen del sorteo, es que se ve, así que iros a la columna derecha del blog y bajad, encontraréis el banner^^).
Y bueno, tenéis hasta hoy (me he enterado tarde) y os animo a participar, porque estas cosas como he dicho, valen la pena. 
Un beso y que os guste el capítulo (:


2 nov 2011

Las lágrimas...

Las lágrimas son los abrazos de la tristeza. Son el desahogo de cada persona que vive una triste época de su vida.
¿Quién no ha deseado morir por culpa del dolor y ha llorado durante horas?
Todos tenemos dudas que acaban en un pozo de desesperación al que nos precipitamos vertiginosamente. Todos buscamos la respuesta a nuestras incógnitas y terminamos llorando de frustración e impotencia.
¿Es que acaso tú no has llorado de forma descontrolada cuando crees no poder más?
Nuestras lágrimas reflejan el hecho de que seguimos siendo personas. Nos muestran que somos débiles.
Cuando la tristeza nos ahoga es el aire lo que nos da un respiro.
No existe nadie que no llore pues las lágrimas demuestran sentimientos. Algunos lloran por tristeza, dolor, felicidad, impotencia, frustración, alegría, desesperación... Hay todo tipo de lágrimas, al igual que de personas.
Me considero de esas personas que son fuertes y que se guardan las lágrimas hasta que estallan. No suelo llorar pues intento mantenerme firme y aguantar. Cuando era pequeña lloraba cada día... Tal vez eso me hizo fuerte y me enseñó que no remedia nada, solo te recuerda lo mal que lo estás pasando.
Jamás diré que llorar es una mala forma de desahogarse, pues estaría mintiendo. Llorar es la mejor forma de aliviar la tristeza. Nuestras lágrimas nos dan fuerzas para seguir a delante y sonreír.
Es cierto, me siento aliviada cuando lloro. Y no me culpo por ello como hacen muchas personas...
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