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4 feb. 2016

Madonna, nunca había llorado por ti.





Me dejo ir, llevar, entre cuerpos perennes que me arrastran, que tiran de mí. Da igual con quien me cruce, atraviese o rompa. Cae sobre mí como un manto de agua fría que me hiela, que te hiela, que nos congela, que se lo llevó todo. Se llevó Ámsterdan, te llevó a ti y me llevó.
Y me dejo caer, y olvido. Olvido lo que fuimos, o lo que no fuimos, porque no sé si fuimos algo o si lo inventé. Olvido el molino que se veía a lo lejos, los fuegos artificiales que contemplamos juntxs, desde el mismo puerto, pero separadxs. Separadxs por metros que me parecían infranqueables. Olvido cómo me mirabas como si pudiera desatar en ti las tormentas que tú desatabas en mí. Olvido cómo lo hubiera dejado todo por ti, como tú jamás hiciste por mí. Olvido cómo me engañaste y me hiciste creer que eras otro. Cómo te despediste tres veces y cómo me besaste en aquella sala sin paredes, arrimadxs contra la pared. Tú, yo. También estaba Ella, pero se iba, desparecía. Gracias a ti, a Ámsterdam. Me aferraba a Ella porque te ibas y me iba, se iba lo que teníamos, se iba Ámsterdam, el otro lado de la cama y los desayunos con sabor a tabaco.
Y cuando olvidaba todo solo quedaba Ella, volvía, me arrastraba y me hundía.
Lo que más dolió no fue irnos, ni la historia que hilamos entre tonos grises; lo que dolió fue que no volvieras, que te marcharas, que me mintieras, que nos rompieras en mil pedazos.
Dolió que fueras un cobarde.
Dolió tener que olvidarte. Pasar página. Dejar Ámsterdam cerrado.
Dolió Milán.

1 comentario:

  1. ¡Me ha encantado lo que has escrito!
    Feliz Sabado :3

    Besos*u*

    http://entrefrasesyversos.blogspot.com/

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Te agradecería tu opinión, eso sí, siempre con respeto y educación.
:)

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